Grandes tintinófilos: Julián Hernández

Sigo la serie de “Pequeñas entrevistas a grandes tintinófilos” con Julián Hernández, músico y cantante, fundador y líder del grupo Siniestro Total (web del grupo), que también se ha desempeñado como escritor, productor discográfico y actor. Recomiendo seguirlo en twitter (@JulianSiniestro) por su mordacidad e ingenio.

Foto de Julián Hernández realizada por Xabier Iglesias

– ¿Por qué Tintín? ¿Cuándo y cómo empezó tu afición por Tintín?

-Podría darle cien mil vueltas a la pregunta y, de vuelta al redil, tendría cien mil respuestas. Creo recordar que algún compañero de colegio tenía algún aventura en su casa. Y creo recordar que yo me quedaba fascinado contemplando aquello. Y creo recordar, también, pensar que ese compañero de colegio era un imbécil por no hacer caso de lo que le regalaban. Lo que sí recuerdo con seguridad es pasar por delante del escaparate de una librería de la calle Velázquez Moreno de Vigo y pedir de rodillas que me compraran uno a mí. Pero eran caros ya de aquella. Debí insistir mucho, porque al final cayeron un par de aventuras en algún cumpleaños. A partir de ahí, llegué casi a saberme de memoria los diálogos. Me sentía muy solo en el mundo, pero el mundo de Tintín era irresistible; y tan fascinante que pensé que lo mejor que me podía pasar en la vida era hacerme viejo para poder beber whisky como el capitán Haddock. Agradezco haber envejecido para conseguirlo.

– ¿Cuál es, según tu opinión, la mejor de las aventuras de Tintín?

-¡Uf, vaya pregunta! Supongo que es inevitable… En conversaciones con la gente de ‘Ediciones Moulinsart’, un fanzine de Madrid de principios de los 80, llegamos a la conclusión de que la gran obra maestra es “Las joyas de la Castafiore”. Es cierto que en ella están todos los tópicos, los misterios y los personajes de lo que es Tintín y su mundo pero, mmmh…, tendría que pensar más. Particularmente adoro las aventuras en dos volúmenes: en especial “El secreto del Unicornio” ” y “El tesoro de Rackham el Rojo”, por un lado, y “Objetivo: la Luna” y “Aterrizaje en la Luna”, por otro. Ahora que lo pienso, más tarde mi padre, que aún vive, pintó dos cuadros que a lo mejor tienen que ver con esta fijación: “El hombre en el mar” y “El hombre en el espacio”. Nunca le vi cogerme los tebeos de Tintín (leía a Baroja de aquella) pero a lo mejor la afición era la misma. A lo mejor tiene que ver con esto el shock que me produjo “Vuelo 714 para Sidney”. Ovnis y Tintín: ¡qué más se puede pedir! Con Rastapopoulos y Laszlo Carreidas… Qué delicia.

– ¿Con qué personaje te sientes más identificado?

-Cae de cajón: con Haddock. Con el tiempo pienso que Tintín, el personaje, es sólo un observador, un voyeur, que asiste atónito a las evoluciones de una serie de caracteres que acaban por ser el conglomerado de todo lo que él quisiera ser: el propio Haddock, Tornasol, la Castafiore, el general Alcázar, Chang, Mitsuhirato, Oliveira da Figueira… Me estoy metiendo en camisas de once varas, pero quizá aún queda por analizar en profundidad el ‘dramatis personae’ de Tintín. Curiosamente, el protagonista es el menos interesante de todos ellos. Ni siquiera es capaz de escribir una maldita crónica de lo que le pasa y eso que es periodista. Se le recibe al final de algunas aventuras como el héroe, el famoso periodista, pero nadie explica por qué es tan famoso. ¡Si es un inútil! Si no fuera por el elenco que le rodea, no sería nadie. De hecho, depende de Milú para tener una personalidad propia. ¿Cuándo nos sentamos a hablar de esto largo y tendido? ¿Mmh?

– ¿Qué te pareció la película de Steven Spielberg?

-No la he visto. Lo digo ya de entrada. Bueno, he visto el trailer y algunas imágenes. Y me reafirmo: no me interesa una mierda. Puede que sea una buena película, no digo que no, pero las aventuras de Tintín no me parecen fácilmente desgajables del mundo en dos dimensiones que pensó Hergé (habría que hablar sobre las dos dimensiones, me temo). En todo caso, a mí me importa un comino ese trasvase. Quizá esté condicionado por “El misterio del Toisón de oro”. Tampoco vi la peli en su día (no sé ni siquiera si se estrenó en España), pero el álbum con fotogramas y texto… en fin, aquello no era mi Tintín que me lo habían cambiado. No creo que Spielberg tenga ni la más terremota (sic) idea de lo que significa Tintín, lo cual no constituye un delito, por supuesto. Su problema. Espero que esto no se entienda como el habitual desprecio modelo “yo ya venía de antes”. Para nada es así. Por ejemplo, cualquier película de Batman o las carreras de Fórmula 1 de ahora me siguen gustando aunque fueran dos de las cosas, junto con Tintín y Asterix, que más me gustaron de chaval. Aparte de las chavalas, claro está.

– En tus canciones ha habido algunos guiños a Tintín, ¿crees que la música
juega un papel importante en las aventuras de Tintín? ¿y las aventuras de
Tintín en la música?

-Sí: Tintín siempre está ahí. Adoré ponerle la letra a una canción de Javier Soto, el guitarrista de Siniestro, que se acabó titulando “El Loto Azul”. Javier pasó unos días en Pekín y me contó que existía un sitio con ese nombre. ¡Me lo puso a huevo! Pero a lo que íbamos… Sospecho que Hergé odiaba la música. Véase si no el personaje de la Castafiore y su pianista en “Las joyas…”: unos enfermos mentales, sin duda. A pesar de que Tintín era un chaval en pleno estallido del rock ‘n’ roll, jamás aparece algo ni remotamente parecido a una afición musical en él. Tampoco le gusta la música de los países que recorre: China, Congo, Arabia, Indonesia… En resumidas cuentas: amamos más a Tintín de lo que él nos ama a nosotros.

 

Gracias Julián por participar en este blog y a José Luis por ponerme en contacto con él.

 

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